Misioneros de Yahvé – Primera misión en Chiriquí
Misioneros de Yahvé – Primera misión en Chiriquí

De izquierda a derecha: Everardo, Miguel, Arilis, Angélica.
__Quiero dormir una hora antes de salir para Chiriquí, porque nos va tocar manejar durante toda la madrugada__ le dije a mi esposa Angélica.
__Mejor yo manejo un poco mientras tú duermes, y luego cambiamos__ me recomendó.
Eran como las nueve de la noche y aún nos faltaba una hora más para comenzar nuestro viaje de ocho horas para Chiriquí.
Fue nuestra primera misión a esta provincia desde que fundamos el grupo Misioneros de Yahvé hace poco menos de tres años. Nuestro grupo misionero se dedica a llevar la palabra de Dios por diferentes lugares. Lo hacemos con mucha alegría, cantos y buena música. Me gustaría contarles la historia completa de nuestro grupo, pero lo dejaremos para otra ocasión. Ahora es más importante que les cuente lo que vivimos en esta misión junto a los hermanos de las comunidades de Río Sereno y El Roble, en la provincia de Chiriquí, a unas siete horas de camino desde la capital de Panamá en Centroamérica.

Aquí está el Sr. Ricardo concentrado tocando en la Iglesia de Río Sereno
A Río Sereno llegamos unos minutos después de las nueve de la mañana e inmediatamente instalamos todos los instrumentos musicales. Allí pasamos todo el día hasta las cuatro de la tarde con cantos, dinámicas y por su puesto, compartiendo la palabra de Dios. También promovimos la Catequesis Familiar que busca acompañar a las familias en su trabajo de educar a los niños en la fe.
Los hermanos de Río Sereno participaron con mucha alegría, y aunque la iglesia no estaba llena, los que llegaron cantaron y alabaron a Dios con mucho ánimo.
Fueron muchas la muestras de cariño que recibimos, pero sobre todo nos queda el maravilloso recuerdo de que la comunidad experimentó el gozo de compartir las alabanza a nuestro Dios, allí en su propia casa.
El día siguiente, el domingo, manejamos unos cuarenta minutos hacia la comunidad de El Roble en el camino hacia San Andrés.
También allí la comunidad celebró con alegría un tiempo dedicado a Dios y a aprender un poco más sobre su mensaje. Era emocionante ver a todos los niños, jóvenes adultos cantar y aplaudir las alabanzas a Dios. La alegría brotaba por las sonrisas que nadie podía ocultar. Aquello era una celebración, una fiesta, un compartir entre hermanos que aman a Dios.

Carolina, 7 años, una de nuestras anfitrionas en la comunidad de El Roble, Chiriquí.
Nosotros los Misioneros de Yahvé, nos complace de todo corazón que en medio de este pequeño esfuerzo, hermanos y nosotros, podemos acercar nuestros corazones y oraciones a Dios.
Desde acá les saludamos a nuestros hermanos de todo Renacimiento, El Roble y comunidades aledañas y rogamos a nuestro Dios que les colme de bendiciones. Que su participación en la Eucaristía y la oración les siga uniendo a nuestro Señor Jesucristo.
Pronto el Señor nos volverá a juntar para cantarle y compartir su palabra.
Que Dios les bendiga.